Raul Ochoa: Trumpconomics y sus impactos colaterales (*)

Raul Ochoa: Trumpconomics y sus impactos colaterales (*)


Trumpconomics y sus impactos colaterales

Todo indica que viene un enorme cambio de política exterior norteamericana. El contexto, un horizonte muy oscuro para quienes tienen como principal destino de sus productos a Estados Unidos.

A medida que el presidente electo Trump va designando su staff de gobierno y los titulares de las entidades federales – más de 1000 de las 4000 designaciones deberán ser aprobadas por el Senado – va quedando claro que sus mensajes y slogans de campaña no eran mera retórica para oídos dispuestos y preparados para escucharlos, sino aspectos específicos de un giro de 1800 en la política norteamericana, no sólo sobre la previa administración demócrata sino también el pensamiento convencional republicano en una cantidad de aspectos centrales.
La serie de anuncios en política exterior, materia donde el presidente posee amplias atribuciones, a contrario sensu de los asuntos internos que requieren una activa participación del Congreso, indican una clara vocación de negociación bilateral, siempre con una previa intencionalidad provocativa o agresiva que dé lugar luego a un mano a mano” aparentemente más suave y comprensivo, dicho en otras palabras la vuelta a la política del “big stick aggiornada y acondicionada” a sus condiciones de operador de real estate y del reality show.
Esto es lo que explica su desconfianza y rechazo a los acuerdos con múltiples países actores, de ahí que no sólo cajoneará el TPP ya firmado, no avanzará con el TTIP, y se plantea revisar el NAFTA, sino también reniega del Acuerdo de París COP 21 sobre cambio climático y busca replantear el acuerdo con la NATO por muy costoso o se burla de la UE señalando que “Bélgica es una bella ciudad” para aparentar desconocer Bruselas.
Quiere en definitiva ejercer todo está en sus manos en el terreno negociador ya sea con China, su identificado rival en los aspectos económicos y comerciales, pues su intención es nivelar el comercio con ese país; como con Rusia donde tiene más afinidades que diferencias y con quien piensa que puede ponerse de acuerdo para destruir ISIS y replantear el acuerdo nuclear iraní.
Como el lema AMERICA FIRST domina sus objetivos, además de un gran programa de infraestructura para modernizar los Estados Unidos — muy similar al de Obama 2009 rechazado por el Congreso – y una considerable rebaja de impuestos para las corporaciones y las personas físicas de ingresos medios y altos — incluyendo para las ET norteamericanos con fondos retenidos en paraísos fiscales un perdón para su reintegro al país — Io que sin dudas elevará la tasa de crecimiento, pero también el déficit fiscal, las tasas de interés y aumentará el atractivo de invertir en los EEUU en detrimento del resto. Ahora bien, este intento de todo para los norteamericanos — MAKE IT GREAT AGAIN otro lema — pero para el resto nada, sobre todo si se propone ejecutar una política proteccionista comercial cuyos primeros pasos se van conociendo, como es el ejemplo de Ford que desistió del traslado de su planta en Kentucky a territorio mejicano por las presiones ejercidas durante la campaña electoral indicando que a esa firma le iban a cobrar 35 % de derechos de importación por los autos ensamblados en Méjico, o dar incentivos fiscales al carbón, petróleo y gas para finalizar con la dependencia de las importaciones energéticas.
Por eso su intención de no avalar los compromisos asumidos por los EEUU en materia de límites a la contaminación y tirar por la borda todo el programa de incentivos implementado por Obama para las energías renovables, o cobrarle derechos de importación adicionales a los productos chinos por supuesta manipulación del tipo de cambio, no cierra hay inconsistencia entre las políticas macro y las medidas sobre comercio.
En economía las Trumpconomics implican “beggar the neighbour” transformar en mendigo al vecino, en este caso “rest of the world”, mientras los norteamericanos se hacen más ricos, es mercantilismo puro, a la larga va a fracasar; pero mientras tanto va a ser un daño enorme, un retroceso a las retaliaciones y guerras comerciales.
Y para la Argentina la necesidad de un replanteo de su política externa y también interna, porque el límite del endeudamiento se achica y la necesidad de tener un cambio más competitivo urge y por lo tanto se requiere un gobierno austero -“achique de barrera” menos ministerios y mayor ejecutividad — y plantearse una más veloz y efectiva disminución del gasto público.
¿Que es imposible? Los efectos colaterales de trumpconomics vienen rápido, hay que comunicar e informar a la población, porque esperara a las elecciones de octubre de 2017, es como diría la señora “too much”.
(*) Texto originalmente publicado en Revista Container. Noviembre de 2016

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